Perder un hijo es morir y tener la obligación de seguir viviendo…

¿ya encontraste tu razón?

Por: Eric Arias | Ene 11, 2023.

El duelo es un proceso que permite describir lo que una persona siente, piensa y actúa cuando ocurre una pérdida importante en su vida.  La situación de pérdida puede provocar una sensación

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La pérdida prematura de un hijo

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La pérdida prematura de un hijo

Por: Eric Arias | Ene 11, 2023

El duelo es un proceso que permite describir lo que una persona siente, piensa y actúa cuando ocurre una pérdida importante en su vida.  La situación de pérdida puede provocar una sensación de alto impacto a tal punto de generar un estado de shock, confusión o de afrontamiento. 

Ante la rotunda realidad de perder a un ser querido, el gran esfuerzo que hacemos por sobrellevar el dolor, las incógnitas, las injusticias, entre otras sensaciones se vuelve un elemento del día a día. Todo nos recuerda a esa persona, por lo que su ausencia siempre se siente cercana. Sin embargo, ¿ocurre igual si nuestro familiar no ha nacido aún? ¿Cómo suele ser este proceso? 

Traer un hijo al mundo, representa unos de los momentos más importante en nuestra vida. El embarazo se vive desde la concepción hasta el primer llanto del bebé y esto, para algunos es único en la vida. Cuando esto se interrumpe en momentos previos o posterior al parto, sus efectos pueden ser mucho más complicados, pues en este momento convergen la ambivalencia de nuestras hormonas y nuestras metas a futuro.

El cuerpo de la madre dispone y distribuye su energía emocional y física para que el crecimiento de su hijo ocurra. Al mismo tiempo, la madre y el padre van construyendo el significado de su vínculo paterno. De esta manera, los padres crean una relación valiosa y de afecto con el niño o niña que viene en camino. Inconscientemente, ambos son creadores de la vida y tratarán de asegurar que su descendiente nazca en un mundo sano y seguro. Cuando esto no es así, la separación rompe con todo ideal y expectativa, generando un dolor emocional muy fuerte.  

La pérdida perinatal es aquella donde el proceso de gestación se ve interrumpido o donde la vida del bebé termina antes de nacer. Se observa en abortos espontáneos e inducidos, la muerte de un gemelo o del bebé durante el parto e incluso la entrega a adopción. Los efectos o respuestas que aparecen en los padres luego de la pérdida, se describirán como un duelo perinatal. 

En el duelo perinatal se pierde lo proyectado como padres, las expectativas de haber sido padre o madre y de haber compartido una vida llena de tantas metas por cumplir. En algunos casos, es natural que los padres sientan enojo, culpa, depresión e incluso, la necesidad urgente de volver a embarazarse. La respuesta puede variar según los recursos psicológicos de cada padre. 

Aunque el recurso ayude, este no evita que el dolor aparezca. Lo importante es que cada uno de los padres puedan expresar sus emociones y sentimientos. Lo justo es permitirse vivir la pérdida ante un nuevo elemento de experiencia que pueda aliviar el dolor, de aceptar y lograr validar la propia experiencia, sin rechazos ni apuros. 

Recordemos que el duelo es un proceso holístico e integral y que, a pesar de la magnitud del dolor provocado, se puede experimentar la tristeza, la culpa y el enojo con una tendencia hacia la superación o el aprendizaje y la reconstrucción de nuevo lazo con el ser querido. 

Ante esta experiencia, el acompañamiento es vital, tanto para la madre como para el padre; pues no es un hecho que pueda asumirse tan rápido, especialmente si existen factores biológicos que alteren el estado emocional de la madre. No obstante, tanto el padre como la madre deben ser incluidos en el proceso de duelo y abrir un espacio para acompañarlos en su elaboración y asimilación. 

La pérdida de un hijo es una experiencia donde nadie está preparado totalmente, ni tampoco existen métodos mágicos para superar el dolor, principalmente donde la vida y la muerte convergen constantemente. Pero lo que sí podemos decir con seguridad, es que mientras podamos darle un lugar distinto a la pérdida y a nuestro dolor y  lo que pensamos de nuestros seres queridos, se convertirán en buenos deseos, agradecimiento y amor para quien se va en plenitud,  incluso ante la rotunda distancia física.  

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