Perder un hijo es morir y tener la obligación de seguir viviendo…

¿ya encontraste tu razón?

Por:  Eric Arias | Sep 16, 2022.

En el desenlace de la vida existen dimensiones de experiencias inevitables, tales son el tiempo, nuestra existencia, los cambios y la muerte.La forma en cómo entendemos el duelo y otras experiencias de la vida humana

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El duelo: una experiencia vital en nuestra vida

Por: Eric Arias | Sep 16, 2022

En el desenlace de la vida existen dimensiones de experiencias inevitables, tales son el tiempo, nuestra existencia, los cambios y la muerte. La forma en cómo entendemos el duelo y otras experiencias de la vida humana serán fundamentales para nuestro desarrollo, tales como, la enfermedad terminal de un familiar, la desaparición de un familiar, la pérdida de un trabajo, de un hijo, de su pareja, el cambio de residencia o el derrumbe de un hogar por fuerzas de la naturaleza.

Cada una de estas situaciones pueden encaminarnos hacia un aprendizaje en perspectiva o en adaptación con aquello que sentimos y con lo que nos ocurre mientras vivimos la pérdida de un ser querido o cualquier otra situación crítica que implique la separación o falta de aquello con un valor impalpable.

La ausencia y el recuerdo marcarán un factor de espacio, un antes y un después en nuestras vidas que a veces aceptamos con dolor, amargura y en otras ocasiones, según sea nuestra experiencia, se vivirá desde la entrega y reconocimiento de nuestro vínculo con lo que ha partido de nuestra existencia.

Asimismo, elaborar esta experiencia no es una tarea de tiempo sino de contacto emocional, de aceptación e integración con aquellas experiencias que van a construir un nuevo aprendizaje de sucedido en nuestro duelo, y lograr mirar con otros ojos la muerte, el tiempo e incluso parte del sentido o significado de nuestras acciones y de lo que depara nuestra existencia.

El duelo y la sensación pérdida es una experiencia ampliamente subjetiva, que sin duda alguna genera un estado afectivo complejo y difícil de razonar. Vivir la pérdida no es una tarea sencilla, no existe receta ni instrucciones para olvidar. No existe tiempo para el duelo y para aquellos recuerdos que encierra la pérdida.  Lo que sí existe es un proceso de altas y bajas, de momentos de añoranza y reconstrucción de lo que ha pasado.

El crecimiento de cada individuo en este proceso depende de su construcción en cada uno de los pasos a recorrer ante la falta, la pérdida, la ausencia de lo querido y de la imagen que esta genera sobre nuestro presente y los cambios inciertos aun del futuro.

Por fortuna, el duelo no es un proceso inactivo, es todo lo contrario. El duelo es un proceso de movimiento, dinámico que invita a replantear el valor por aquello que es amado. Es una respuesta ante lo querido y que, ante su ausencia, se vive con una dimensión emocional sumamente amplia y que hoy se describe con múltiples etapas.

A pesar de la tristeza, la crisis y los grandes cambios de la ausencia y el abatimiento, siempre existe una luz de esperanza que aparece sin razón. Esa fuente espiritual y existencia que mueve el tiempo y la idea de pérdida a una decisión dirigida hacia la continuidad y el respeto por nuestra experiencia y por aquello que es propio de nuestra mirada hacia los momentos y recuerdos atesorados.

Sin duda alguna, se hace imprescindible para quien vive el duelo, la reconstrucción y la posibilidad de seguir adelante, juntos a sus seres queridos, con mayor nitidez sobre su existencia y su lugar en nuestro mundo.   

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