Por: Eric Arias | Ene 11, 2023.
Comencemos por cuestionar ¿qué es normal? Lo normal es aquello que se vuelve común. Es una constante típica de la experiencia. Sin embargo, la vida misma nos enseña a valorar su propia diversidad.
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¿Es normal tener estas sensaciones?
¿Es normal tener estas sensaciones?
Por: Eric Arias | Ene 11, 2023
Comencemos por cuestionar ¿qué es normal? Lo normal es aquello que se vuelve común. Es una constante típica de la experiencia. Sin embargo, la vida misma nos enseña a valorar su propia diversidad. Entre la norma y lo normal hay una línea distintiva que es importante reconocer, especialmente en el duelo.
No seguir un patrón de vivencia pudiera hacernos sentir que es atípica nuestras sensaciones durante el proceso, es decir, que no es normal. Una vez me preguntaron sí llorar todos los días era normal, a lo que yo respondí, ¿qué es normal? validando a su vez, su capacidad para llorar y su humanidad ante el duelo. Meses después, por criterio propio, la persona reconoció lo importante que fue aceptar sus lágrimas y su dolor para transitar hacia la aceptación, el amor y el aprendizaje. Tal vez cada día de llanto y desahogo fue una experiencia diferente.
Lo normal es un término que usamos para evidenciar en primer sentido, algo que es común, habitual o previsible. Es decir, vivimos algo común durante el duelo, tales son sus etapas. Sin embargo, cuando naturalizamos algunas normas sociales, mitos y estereotipos sociales, nos alejamos sin querer de nuestro propio proceso personal.
Es posible que ante una pérdida una persona lleve a cabo su mejor esfuerzo por mantenerse de pie, darse tiempo para sentir su dolor y confusiones durante el proceso. Sin embargo, algunas personas relatan que se han sentido culpables y juzgadas por comentarios entre familiares o la sociedad cuando llega un periodo de alegría. Pero, en qué momento nos preguntamos ¿Cómo nos gustaría vivir la despedida de nuestro hijo? o ¿qué lugar le damos a nuestro proceso?
Algunos pueden transitar la despedida en casa o haciendo algo acordado con el fallecido o pueden ir a un parque para tener un diálogo de respeto interno donde se pueda contactar con el dolor, con la imagen de ese familiar, dejar una carta en su tumba entre otras acciones. Lo significativo está en el valor o sentido que le damos a estas acciones para abrir nuestros sentimientos y reconocimiento ante la pérdida más allá de un cronograma social.
Es interesante cómo la sociedad también obliga a que ocurra con rapidez el proceso de recuperación. Hay actitudes y palabras que en vez de ayudar invalidan el duelo, ejemplo: “Debes ser fuerte” “tu familiar no querría que lloraras” “lo que sientes puede afectar a tu familiar en el más allá” “si sigues llorando, jamás te vas a recuperar” entre otras frases que no muestran entendimiento, respeto por el dolor y empatía. A veces el silencio y la disposición de escuchar y validar sus emociones, puede tener mejores resultados.
Superar lo normativo para adentrarse a sí mismo con conocimiento propio en el duelo es un factor de empoderamiento sin vergüenza o culpa. Para algunos padres sentir alegría pudiera ser contradictorio con el estado actual. Es casi una penalización sentir alegría en el proceso del duelo según nuestra sociedad.
Por otro lado, desde el punto de vista psicológico, vivir los efectos del duelo tienen más que una normalidad como un valor hacia el estado de bienestar. Catalogar anormal la tristeza o la alegría en el duelo es un grave error. Caer en la patologización sin entender qué tan importante ha sido la relación entre padres e hijo, sus metas o sueños es una relación poco profesional. En este aspecto existe una señal para definir qué tanto malestar acumulamos para que nuestra salud y bienestar se vea afectada por el duelo.
Cuando la crisis, los estados de ansiedad y la depresión se instauran en el cuerpo pueden provocar mucho malestar. Se puede perder la alegría de vivir y la razón de nuestra existencia. Sin embargo, hay que tomar en cuenta los recursos desarrollados por el sujeto, su contexto, historia de vida, el nivel, el tipo de respuesta, la intensidad del malestar que delimita la vida misma y qué tan alterados están nuestros recursos para seguir hacia adelante. En este caso la ayuda psicológica especializada es vital y necesaria para cuidar de nuestra salud.
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