Perder un hijo es morir y tener la obligación de seguir viviendo…

¿ya encontraste tu razón?

Por: Musmet Machado | Sep 17, 2022.

Luego de la pérdida de un hijo, es inevitable sentir un vacío y un dolor inexplicable, cuesta redireccionar la vida, la nueva realidad pesa, y los cambios en la estructura familiar consumen el alma, por 

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Continuidad del rol parental

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Continuidad del rol parental ante la pérdida de un hijo

Por: Musmet Machado | Sep 17, 2022
Luego de la pérdida de un hijo, es inevitable sentir un vacío y un dolor inexplicable, cuesta redireccionar la vida, la nueva realidad pesa, y los cambios en la estructura familiar consumen el alma, por lo que su ausencia desequilibra esa identificación con el rol parental. Dando lugar a la consecuencia de la aparición de complicaciones tanto físicas, psicológicas y sociales, generando el surgimiento de cambios en la estructura familiar y en los diversos contextos.

Continuando con lo anterior, perder a un hijo, conlleva a desarrollar reacciones psicológicas, donde aparecen emociones como una profunda tristeza y dolor, viéndose también la aparición de síntomas somáticos como insomnio, pérdida de apetito, dolor de cabeza, problemas estomacales, temblores, fatiga, entre otros. En cuanto al ámbito social, también surgen cambios, como rupturas o aislamiento de otros familiares y amistades.

Es por esta razón, que cuando sucede una experiencia como la pérdida de un hijo, cada uno de los miembros en especial los padres sufren un cambio en la identidad parental, por lo tanto, el duelo facilita la transición de esa identificación para encontrar un nuevo sentido a la vida integrando los recuerdos, los sentimientos para consolidar una nueva identidad. Es importante tener en cuenta, que el rol parental es uno de los roles sociales con mayor responsabilidad, donde el amor es incondicional y donde los hijos no vienen al mundo con un manual de crianza ni tampoco con un tiempo de duración.

El vínculo parental continua después de la muerte, y aunque sea una experiencia dolorosa, físicamente ya no está, pero vivió, se conocieron, lo sentiste, lo protegiste, lo abrazaste cuando tenía miedo, viste su mirada, le enseñaste algo, existe una historia en común, y aunque haya partido antes, su recuerdo sigue presente. Por lo tanto, Integrar desde el encuentro con la espiritualidad, las creencias religiosas, la distribución del amor latente hacia otros miembros de la familia, facilita el incremento de las fortalezas y virtudes. 

Considerando lo anterior, en el vínculo de un padre o una madre y un hijo llega a desarrollar una conexión simbólica, que después de la muerte, muchos padres llegan a experimentar fenómenos de un alto contenido de significado, donde los pensamientos internos, los sentimientos hacia la persona fallecida y los sueños se unen.  Por lo tanto, el vínculo parento–filial está unido a una continuidad y pone de manifiesto tanto la espiritualidad como las creencias religiosas, partiendo de una esperanza que facilita el tránsito del proceso del duelo. 

Para ir finalizando, comparto contigo esta hermosa frase: “La muerte acaba con la vida de las personas, pero No con lo que sentimos por ellas, ni tampoco los recuerdos de nuestra memoria”. Lo que quiere decir, que el vínculo parental continua también después de la muerte, es entender que seguirán caminando juntos pero desde planos distintos, que la persona fallecida tuvo su tiempo y cada persona que vive tiene un tiempo de vida.

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