Por: Eric Arias | Sep 17, 2022.
Nadie puede imaginarse a ciencia cierta cómo es perder a un hijo o hija. En la naturalidad del tiempo de nuestra evolución, los hijos crecen, se desarrollan y luego siguen envejeciendo hasta que nos despedimos de ellos por vejez.
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Que viene después de la pérdida
Que viene después de la pérdida
Por: Eric Arias | Sep 17, 2022
Nadie puede imaginarse a ciencia cierta cómo es perder a un hijo o hija. En la naturalidad del tiempo de nuestra evolución, los hijos crecen, se desarrollan y luego siguen envejeciendo hasta que nos despedimos de ellos por vejez. Sin embargo, cuando esto no ocurre nos parece un hecho inesperado, rotundo y sin lógica.
Perder a un hijo puede ser diferente a perder a otro familiar. Pues se pierde a un ser querido que orienta gran parte de nuestra vida durante tantos años. Para algunos padres, la pérdida de un hijo representa un gran cambio, cambios en el ejercicio de una paternidad añorada, planificada por años o en algunos casos inesperada.
Ser padres es un hecho vital dentro de nuestras vidas y que esto se vea interrumpido por la muerte es un acto especialmente doloroso, sin importar el tiempo de relación con los hijos o su edad. Ser padre o madre puede ser el inicio de nuevas expectativas de vida, de cambios importantes en el hogar y los nuevos retos de la crianza, es realmente una gran inversión sin fines de lucro.
El saber que un hijo o hija ha muerto es un proceso doloroso que sin duda alguna se lleva consigo nuestras rutinas domésticas, las responsabilidades de ejercer la maternidad o paternidad y el tacto de algo que ha venido de nosotros. Habituarse a la ausencia es uno de los efectos más señalados por quienes experimentan el duelo, aunque este pierde fuerza mientras aceptamos y avanzamos en el proceso de recuperación. Estos cambios no solo lo viven los padres sino también seres queridos cercanos, amigos, vecinos o familiares que también sienten la pérdida y la ausencia.
Y ¿qué viene después? Agregado a la difícil noticia y todo lo que emocionalmente implica, los familiares tienen el derecho de definir los pasos a seguir o incluso buscar apoyo con un tercero para ayudarles a transitar por los procesos funerarios imprescindibles, tales como: el certificado de defunción emitida por un médico, conocer la forma en cómo se desea realizar el acto funerario, especialmente qué hacer con el cuerpo, una imagen vital para las experiencias por venir.
Esto dependerá de los valores religiosos o culturales de cada padre. Lo importante además de conocer el paso administrativo y legales, es el acuerdo entre padres. Todo cambia ante la partida de un hijo, pero lo que se mantiene si así se desea es el apoyo de en pareja o en su defecto de familiares.
El acuerdo entre pareja y como padres puede marcar una gran diferencia al momento de despedirse. Algunos padres deciden cremar el cuerpo y otros buscar un lugar familiar donde los restos descansen bajo tierra con una lápida decorada de objetos valiosos. Lo importante no es la forma sino el cómo se desea experimentar esta fase tan sensible de sus vidas. Esto será fundamental para que el duelo se convierta en un hecho de empatía, de aceptación y consuelo ante la ausencia y el recuerdo.
Ambos, pueden medir su duelo en el triunfo del amor, en valorar los momentos más apreciados, sin necesidad de aferrarse al dolor o de elevar la autocrítica como padres o el famoso ¿qué pude haber hecho? ¿si tan solo hubiese? Los debería no suelen ayudar sino ignorar lo que realmente es valioso en el presente.
La sociedad espera que luego de una pérdida nos aferramos y que guardemos el dolor. En este caso no es obligatorio, por eso, este proceso no se trata de deberes, todo lo contrario. El sufrimiento aparece para enseñarnos que existe un trabajo valioso de reencuentro y de apoyo mutuo. Más que pensar que ha sido una condena la muerte de un hijo, que sea una experiencia inevitable para honrar la vida del mismo.
En resumen, todos somos mortales, todos podemos pasar por esta experiencia cercana a la muerte. La pérdida de un hijo es muy dolorosa porque interfiere con el deseo paterno y materno, pero no es el final de su amor brindado, al contrario, es el reconocimiento de haberlo acompañado todos estos años. Su ausencia, es derrotada sin aferrarte. Más si todo cambia. Cada padre está en el derecho de expresar lo que siente y en tener un recuerdo de paz y conexión con su hijo.
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