Por: Eric Arias | Sep 17, 2022.
La pérdida de un ser querido provoca un impacto muy fuerte en nuestras vidas. Perdemos el contacto físico de nuestro ser querido; una ausencia capaz de generar sentimientos de vacío, desconexión y cambios tan repentinos que a nuestro
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La defensa en el duelo
La defensa en el duelo
Por: JEric Arias | Sep 17, 2022
La pérdida de un ser querido provoca un impacto muy fuerte en nuestras vidas. Perdemos el contacto físico de nuestro ser querido; una ausencia capaz de generar sentimientos de vacío, desconexión y cambios tan repentinos que a nuestro cerebro aún le cuesta comprender. Un paciente me daba una metáfora muy justa, es como una sensación fantasma, la ausencia te hace creer que está, pero tú sabes que no. Es un proceso de reajuste de todo lo que se pierde. En otras palabras, parte del duelo es un proceso con un diálogo profundo sobre el recuerdo, la imaginación y la razón.
Es común el desenlace del trauma ante una pérdida. Nuestra cognición trabaja con reacciones de protección, un mecanismo de defensa que nos ayuda a tener cierto nivel de represión ante la inminente y dolorosa realidad. Algunas personas tienen reacciones desbordadas con un alto nivel de descompensación. Otras personas pueden ignorar con total habilidad lo ocurrido y tiempo después decaer, pero es cierto que existen personas que pasan por sentimientos destructores y en su aceptación integran cada experiencia y reorganizan su perspectiva de la situación traumática y siguen hacia adelante.
Cada reacción goza de un sentido o continuidad. El poder llorar, relatar la pérdida y estar en compañía o soledad requiere una inmersión de sí mismo. El padre o madre que pierde a su hijo tiene varios caminos para vivir y transitar su dolor ante la pérdida, sin embargo, para graficar algunas experiencias, podemos destacar la existencia de dos rutas donde algunos logran reducir y aceptar su angustia y poder hacer algo con ella y otra encontrarse en un grave aprieto de salud hasta alcanzar síntomas psicológicos que coloquen a la persona en un problema donde la conducta ya no sea para aliviar y superar el sufrimiento, sino que su conducta se vuelve repetitiva y con una inversión de energía mayor de la esperada por su cuerpo, desgastando sus recursos para afrontar la pérdida, a este proceso se le conoce como duelo complicado.
En otras palabras, existe un factor adaptativo y otro donde los recursos no alcanzan y desmejoran la salud durante el proceso del duelo. Las reacciones o también llamado mecanismo de defensa sirven para poder tener un nivel de funcionamiento y dialogar el sufrimiento o las situaciones adversas que aparecen en el duelo. Algunas de estas reacciones pueden ser a través de la fantasía, la negación, la formación reactiva, el aislamiento, la proyección o la compensación. Existe una realidad amplia de formas y maneras de vivir el duelo, lo importante es tomar consciencia de la experiencia y valorar alternativas para conocerse y aceptar la pérdida.
Por ejemplo, ante una pérdida el padre o la madre puede generar una obsesión con el trabajo y negarse a hablar sobre lo experimentado. También puede ocurrir que el sujeto logre por deseabilidad social evitar su recuperación o tener una recuperación espontánea para no exponer sus verdaderos sentimientos, especialmente sin antes haber formado una base importante de transiciones y reconocimiento de las circunstancias del dolor y su recuperación.
La línea entre la defensa y la negación es su nivel de integración. Si la defensa se debilita no podremos llamarla como tal o por lo menos no reconocerla como una defensa que ayude a aliviar y generar condiciones de recuperación. Cuando el sufrimiento y la recuperación se encuentran comenzaremos a notar mayor aceptación y transición, más alivio por el dominio y conclusión del malestar e iniciar una nueva perspectiva sobre la partida de un hijo o hija.
En su debido momento, todo aquello que negamos termina por empaparnos y comienza abrir nuestro corazón para darle paso al contacto honesto, sin reproches, ni culpas. Se acepta que se puede vivir con la tristeza de la ausencia, pero, aun así, el vivir la tristeza no es motivo para volver a comenzar una vida llena de alegría, de recuerdos maravillosos, de nuevas metas y proyectos.
Perder a un familiar es doloroso, sin embargo, en su honor todo puede cambiar y darnos reflexiones y emociones de satisfacción. No es un tabú reír o sentir alegría por un recuerdo de nuestro familiar fallecido, incluso en tiempos difíciles lo vemos en algunos rituales funerarios o rituales de despedida. Lo importante es el nivel de compromiso y de aceptación para seguir adelante, seguramente como nuestros familiares hubiesen querido.
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