Perder un hijo es morir y tener la obligación de seguir viviendo…

¿ya encontraste tu razón?

Por: Musmet Machado | Sep 17, 2022.

La muerte de un hijo representa una de las situaciones más difíciles por las cuales tienen que transitar los padres, nunca, pero absolutamente nunca se podría estar 

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¿Qué hacer con tanto amor?

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¿Qué hacer con tanto amor ante el vacío?

Por: Musmet Machado | Sep 17, 2022

La muerte de un hijo representa una de las situaciones más difíciles por las cuales tienen que transitar los padres, nunca, pero absolutamente nunca se podría estar preparado para tal pérdida. Según las leyes de la vida son los hijos quienes deben darle la despedida final a sus padres, pero lamentablemente a veces sucede lo contrario, surgiendo una experiencia realmente traumática, independientemente de las circunstancias por las cuales se pierda a un hijo. Para una madre o un padre es un momento único, donde un cambio tan súbito crea un vacío, donde se hacen protagonistas una profunda tristeza, y al mismo tiempo un amor latente, un amor que estará presente hasta los últimos días.

A su vez, se pueden hacer presentes cuestionamientos que hacen más difícil el proceso, donde es común que se pueda pensar; ¿Por qué a mí? ¿Por qué mi hijo? ¿Tuve la culpa? ¿Y si hubiera hecho algo distinto mi hijo estuviera vivo? ¿Pude haber hecho algo más para que mi hijo estuviera hoy aquí conmigo? Estos pensamientos son comunes y definitivamente no guardan relación alguna con la realidad, ya que ningún padre o madre podría ser capaz de causarle un daño, por más mínimo que sea a su hijo, ya que la naturaleza de un vínculo tan profundo y único es el amor, el cual hizo, hace y hará que exista una conexión que va más allá de lo físico o tangible y sobre todo el tiempo.

Por otra parte, en medio de tanto dolor se puede llegar a pensar que no existen motivos por los cuales continuar, esas ganas de vivir que tanto se hacían presentes en el pasado pueden haber desaparecido por completo, lo cual también puede ser parte del proceso. Ciertamente, hay una línea entre el antes y el después, ahora hay que aprender a vivir con el dolor que dejó la partida de ese ser tan especial. Es importante tener en cuenta que cada proceso es único, cada persona tendrá sus tiempos, cada uno transitará de acuerdo a sus herramientas y según sus posibilidades.  

Partiendo desde lo anterior, cada persona tiene un tiempo de vida, por lo tanto, esta, es un viaje de recuerdos, deseos, coincidencias, encuentros, emociones; el después de una experiencia traumática, como es la pérdida de un hijo o una hija,  parte en la búsqueda de aquello que pueda tener sentido desde la toma de responsabilidad del sentir y el actuar en el ahora, teniendo en cuenta las fortalezas y virtudes que preceden, lo que implica redescubrir el “ser” a partir de la toma de consciencia de aquello que soy, lo que me falta por encontrar o hacer en mi tiempo de vida, así como también a quienes tengo en el presente para seguir amando y cuidando, a quienes puedo ayudar desde mi experiencia.  

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