Perder un hijo es morir y tener la obligación de seguir viviendo…

¿ya encontraste tu razón?

Por: Musmet Machado | Sep 16, 2022.

En las familias existe lo que se conoce como sentido de pertenencia hacia los vínculos familiares, el cual consolida una identificación propia en cuanto a valores, tradiciones, y una historia grupal en 

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Recordar para integrar

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Recordar para integrar cuando ya no está

Por: Musmet Machado | Sep 16, 2022

En las familias existe lo que se conoce como sentido de pertenencia hacia los vínculos familiares, el cual consolida una identificación propia en cuanto a valores, tradiciones, y una historia grupal en común que es fortalecida a través de los recuerdos. Cuando acontece la muerte inesperada de alguno de los miembros de la familia, en especial los hijos, su impacto desequilibra la estructura y el funcionamiento familiar; y a su vez, inicia el proceso de la negación desde el quiebre emocional, que sacude la integración de emociones como la ira, la tristeza, el miedo y la angustia.

De acuerdo a lo anterior, enfrentarse a la muerte de los hijos, es una de las pérdidas más dolorosas que pueden existir, donde se experimentan los estragos de la ira, el dolor de la tristeza, la complejidad de la culpa, el miedo ante la ausencia y la desesperanza que acompaña a la angustia; sin duda alguna es un proceso difícil de transitar, pero no imposible. Por lo tanto, aunque al principio es incomprensible, la muerte a su vez trae un punto de partida, una oportunidad para redescubrir el sentido de la vida, y lo que trae consigo, como el tiempo que fue, el amor que estuvo presente, la historia en común que un día se compartió, que hoy puede ser un capítulo observado desde el amor. 

Después de la pérdida de un hijo existen recuerdos, aquellos tesoros que viven en el ser, esos regalos de la vida que se han guardado en las memorias, y han sido las bases esenciales que han consolidado el sentimiento y la pertenencia en el grupo familiar. Desde entonces, decir adiós no significa olvidar aquellos recuerdos que han sido parte de una historia, ni borrar aquel amor incondicional que una vez mantuvo el alma en total regocijo por la resonancia del vínculo familiar; sin lugar a dudas, son memorias perennes en la piel y en cada sentido de la dimensión humana, por lo tanto, el vínculo afectivo siempre estará presente, el ser madre o ser padre es un título otorgado que trasciende desde el sentir humano hacia lo intangible.  

En consecuencia, lo que se ha sentido en todo el proceso es parte del vivir, de lo natural del ser humano, y cada una de las emociones vividas son aceptables para entender que más allá de la ausencia de aquella persona, se puede observar el amor desde todas sus dimensiones, el amor que ha trascendido y deja las huellas de una enseñanza inigualable.

Finalmente, recordar desde lo sano sin caer en lo patológico implica desligarse de la sombra del egoísmo y la impotencia que parten desde el apego personal, recordar es integrar la biografía de esa persona que hoy ya no se encuentra, es sentir la bendición de que un día aquellas risas existieron, es integrar el tesoro de los recuerdos, las emociones que fueron inevitables y de que una vez se aprendió lo que era amar, por lo tanto, es recordar para integrar cuando ya no está.   

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